RIFMA

     

  • Inicio
  • San Marcelino
  • Buena Madre
  • Congregación
  • Laicos
  • Actualidad
  • Familia y Vida
  • Iglesia
  • Mensajes

Lun05222017

Last updateVie, 30 Dic 2016 11pm

Bicentenario de la Fundación de la Congregación de los Hermanos Maristas
  • Pause
  • Previous
  • Next
1/15

2 de Enero de 2017 - Bicentenario de la Fundación Marista

200 Años de la Fundación de la Sociedad de María

Congregación

Laicos

Actualidad

Familia y Vida

Back Usted está aquí: Inicio San Marcelino Homenajes Mensaje en la Fiesta de Marcelino

Mensaje en la Fiesta de Marcelino

hno.seanVamos a imaginarnos esta mañana que Marcelino Champagnat hubiese nacido en la aldea de Rosey en mayo de 1980 y no en 1789. Sí, sí, digo bien, mayo de 1980. Eso significa que ahora sería un joven de 28 años y,

si la memoria no me falla, creo que ésa era la edad que él tenía cuando fundó nuestro Instituto.

Siguiendo con el ejemplo, imaginémonos también que fuese coadjutor de la parroquia de una pequeña localidad francesa. Se trata de una zona deprimida económicamente, pero sus habitantes son buenos trabajadores, de sólida vida familiar, y un poco suspicaces respecto a lo que se cuece en las grandes ciudades como París, Lyon, Londres, y probablemente también New York.

Este Marcelino de nuestro tiempo habría venido al mundo una década después de una serie de acontecimientos que tuvieron lugar en Francia, y a los cuales nos referimos con la alusión genérica de “Mayo del 68”. Las protestas estudiantiles, con el trasfondo de una huelga general, hicieron estremecerse aquellos días a todo el país, pusieron en solfa los convencionalismos sociales, y contribuyeron a la caída final del gobierno del general De Gaulle. Y lo que es más importante aún, a raíz de aquellos sucesos empezó a cambiar la manera de ver el mundo, y los viejos estilos dieron paso a otra constelación de ideas. Algunos recibieron estas novedades con entusiasmo, otros se asustaron ante ellas, y no faltaron quienes las condenaron abiertamente.

Repasando la breve historia de este Champagnat moderno, comprobaríamos cómo a él también le había tocado pasar sus dificultades en la escuela. No por incapacidad para los libros, sino porque el desarrollo de sus estudios primarios se había visto entorpecido por diversas circunstancias. Tanto es así, que yo me pregunto si él no pensaría más de una vez que le habían admitido al seminario, y le habían permitido continuar allí, debido únicamente a la pertinaz sequía de vocaciones que reinaba en todas partes.

Marcelino supo un día que un joven parroquiano suyo estaba agonizando. El nombre no le sonaba familiar, pero esto no es de extrañar ya que muchos niños y jóvenes de aquellos contornos apenas pisaban la iglesia. Tan alarmante era esta situación en algunos lugares, que el papa anterior, Juan Pablo II, había tenido que hacer un llamamiento para impulsar la nueva evangelización de Europa.

Pensando en estas cosas, nuestro hombre se dirigió a la casa del enfermo. El cuadro que vio allí le conmovió las entrañas. Aquel muchacho de 17 años ignoraba casi enteramente las verdades de la fe. Lo poco que había llegado a saber, no le servía de consuelo en aquel trance doloroso.

Marcelino pasó un rato largo con él, confortándole, instruyéndole, ayudándole a bien morir. Pero en la mente del coadjutor, las últimas piezas que faltaban para completar su sueño encajaron prontamente. Él llevaba mucho tiempo queriendo hacer algo para aliviar la situación de los niños y jóvenes pobres, algo que les ayudara a entender cuánto les amaba Jesucristo.

Quizá en estos momentos estéis pensando: “Bueno, bueno, acaba con el relato. Dinos ya que el padre Champagnat finalmente fundó a los Hermanitos de María, y desde entonces vivimos todos muy contentos y felices”. Calma, no tengamos tanta prisa en terminar. Mi impresión es que Marcelino habría pensado en esto detenidamente, tratando de ver qué era lo mejor para los niños y jóvenes desfavorecidos de su tiempo, es decir de hoy, siguiendo con nuestra historia imaginaria.

Por tanto, la gran cuestión que ahora se abre ante nosotros es ésta: Si Marcelino hubiera nacido en 1980 y no en 1789, ¿realmente nos habría fundado? Si hubiese sido así, ¿cómo seríamos nosotros ahora? ¿Qué labor estaríamos desempeñando? ¿De qué manera nos inspiraría él, nos retaría, nos infundiría esperanza en los primeros años de esta nueva fundación? Contando, claro está, con que nosotros hubiésemos tenido la loable idea de unirnos a él.

Mi convicción personal es que él, en efecto, nos habría fundado. Y nos habría fundado, sencillamente, porque la fe tiene que ver con una relación tan maravillosa que, si uno se arriesga a poner todo su corazón en ella, no puede evitar sentirse transformado. Y eso es lo que Marcelino quería que nosotros fuéramos entre la juventud, precisamente: sacramentos de un encuentro con Cristo. No necesariamente profesores, o administradores, o animadores juveniles, o lo que sea, sino simplemente hermanos para Jesús y para los jóvenes, con una capacidad especial de introducirnos en ellos. Los medios son importantes y no es mi intención minusvalorarlos. Pero todo lo que tenemos a nuestra disposición, ya sean escuelas, centros de catequesis, programas, retiros o movimientos de un tipo u otro, sólo se quedará en eso, en medios, si nosotros no somos hombres y mujeres cautivados por el amor de Dios, hombres y mujeres encendidos en el fuego del Espíritu, llenos de pasión por habernos encontrado con Jesús y habernos enamorado de Él

Y, en medio de estas especulaciones en torno a un Marcelino coetáneo, ¿qué decimos de la vida religiosa? Si él hubiera nacido en 1980 y no en 1789, ¿nos habría llevado hacia alguna forma nueva de vida en la Iglesia, o bien nos habría invitado a vivir la vida religiosa tradicional de una manera renovada, apropiada para el día de hoy?

Yo creo que habría optado por lo segundo. Pero dejadme señalar tres cosas a este respecto. La primera; él nos diría que viviéramos la vida religiosa de una manera fascinante y atractiva para los jóvenes. “Haced valer el don de vuestra vida”, insistiría el fundador. “Asumid los riesgos si hace falta, sed audaces en lo que emprendéis, decid sí sin vacilar, sin cálculos, sin preocuparos demasiado por vuestras necesidades personales. Porque la vida religiosa no nació para ser domesticada. ¡En realidad, en sus momentos mejores fue siempre un poco salvaje!”.

“Evitad a toda costa” -añadiría- “esos estilos de vida que enmascaran la identidad de un religioso. Hombres profesionales, comedidos, política y psicológicamente correctos, ¡qué terriblemente grises y sin sangre! ¿Dónde está el gozo, el sacrificio, la experiencia de la donación personal, la aventura de salir a dar respuesta a las iniciativas de Dios? Porque de eso se trata; de estar atentos a la llamada de Dios, al deseo de Dios, no a lo que uno ve con sus propias luces. Por encima de todo, dejad que Jesús sea el centro y la pasión de vuestras vidas”, nos diría el fundador.

En segundo lugar; Marcelino nos recordaría, con palabras muy claras, que nuestro género de vida no nació para ser diluido dentro de las estructuras eclesiásticas parroquiales, sino para estar en comunión con la Iglesia local, sin confundirse, siendo así, para la Iglesia, la memoria viva de su verdadera naturaleza. Porque cuando el padre Champagnat se subió al andamio para construir el Hermitage, lo que hacía era recordar a los sacerdotes de su tiempo -muchos de los cuales esperaban con ansiedad la restauración del Tercer Estado- que la respuesta a los retos de su época se encontraba en el futuro, no en el pasado. Y cuando los primeros miembros de la Sociedad de María decidieron que la Iglesia de los marginados era el lugar apropiado para ellos, lo que hacían era recordar a la Iglesia, igual que a todos nosotros, que entre nuestros hermanos y hermanas están los humildes y pequeños de quienes pocos se acuerdan, y casi nadie se ocupa.

Por último, él nos exhortaría a ser hombres con un corazón a la vez misionero y lleno de compasión por los más necesitados. “Salid de vuestro mundo estrecho y previsible”-nos retaría-, “e iros a conocer los múltiples rostros de Dios. Sea cual sea el lugar en que os halléis, llevad siempre dentro de vosotros un corazón inclinado hacia los pobres. Haced todo lo que esté en vuestra mano para estar presentes entre los niños y jóvenes que menos tienen. Cierto, todos los niños son importantes, y todos los niños tienen derecho a madurar en un entorno de amor y seguridad, pero vosotros debéis estar con los que no tienen a nadie que mire por ellos, que les hable, que les quiera, que les ayude a encontrar su propia voz. Siempre y en todas las cosas, dejad que María sea vuestro modelo, porque ella fue una gran mujer creyente que recorrió el camino de su vida antes que vosotros. Ella será vuestra madre y vuestra hermana en la fe”.

Marcelino solía decir: “Amar a Dios, sí, amar a Dios y darle a conocer y amar; en eso ha de consistir la vida del hermano”. Es un buen consejo, tanto da que hubiese nacido en 1980 o en 1789. Que Dios nos conceda la valentía de imitar el espíritu de nuestro joven fundador, para renovar nuestro empeño en el sueño que él acarició. ¡Qué buena noticia sería ésa para la Iglesia, para el mundo, y para los niños y jóvenes pobres que estamos llamados a atender!


Hermano Sean Sammon - fms   ( Junio - 2008 )

Superior General

Fuente : www.champagnat.org

Beatificaciones 2013

Maristas en Misión

Brasas ardientes

Conferencia 2013

FMSI – ONLUS

Maristas ayer, hoy y siempre

Alepo, Siria
Somos simplemente ... maristas
Familia Marista
Formamos la familia de María
Jesús nos dice:
"Mira que estoy a tu puerta y llamo "
Le Rosey, Francia
Casa de los Hermanos frente a la casa natal de Marcelino
Nuestra Buena Madre
" Ella lo ha hecho todo entre nosotros "
Vaticano
Monumento a San Marcelino Champagnat
Hermano Benito Arbués
Superior General entre 1993 y 2001
Marcelino en su hogar
enseñando el Catecismo a los niños de Le Rosey
Cuba, 1940
Comunidad de Hermanos de Cárdenas
Beato Hermano Bernardo
asesinado en 1934 y beatificado en el 2007
Casa General - Roma
Engalanada por la Canonización de San Marcelino
Hermano Heriberto Weber
Con su curación milagrosa se obtuvo la Canonización de Marcelino
Comunidad de Luján, Argentina - 1907
Comunidad de Luján, Argentina - 1907
Nuestros Mártires del Zaire
Miguel Ángel Isla, Julio Rodríguez, Fernando De la Fuente y Servando Mayor
Bicentenario Marista
Un nuevo comienzo...