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Mié08162017

Last updateVie, 30 Dic 2016 11pm

Bicentenario de la Fundación de la Congregación de los Hermanos Maristas
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2 de Enero de 2017 - Bicentenario de la Fundación Marista

200 Años de la Fundación de la Sociedad de María

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España : "Nosotros, los Antiguos Alumnos"

933Nos escribe desde Roma el hermano Pau Fornells Sala, Director del secretariado para los Laicos, y nos envía un interesante documento editado por los Antiguos Alumnos Maristas de Málaga, España,

ofrecido en una reciente visita al Hermano Sean Sammon, Superior General.  Nos dice el Hermano Pau :

" Me ha llegado un bonito documento de la Asociación de Antiguos Alumnos de Málaga (España - Provincia Mediterránea). No sé si les ha llegado y si se conocen ya con los malagueños. Me parece que es un documento que puede animar a otras muchas Asociaciones y Federaciones de Antiguos Alumnos Maristas del mundo. Es sugerente y mira hacia el futuro. Creo que sabe conjugar muy bien la ternura, el "aquí y ahora" y la profecía. Creo que será bueno que se conecten y se ayuden a seguir reflexionando. Antes de crear nuevas estructuras, necesitamos bastante más reflexión.

Por mi parte, he pensado publicar en mi blog algunos párrafos de este documento tan sugerente. Yo sí creo en el futuro de las Asociaciones de Antiguos Alumnos, pero, al mismo tiempo, creo que el Señor nos pide creatividad profética al respecto. ¿Cómo conjugar el que "todos se sientan en casa y en libertad de elección", con el ofrecer propuestas audaces de crecimiento interior, compromiso y apuesta por los más desfavorecidos? Todo un reto, que sólo es posible desde Dios. ¡Mucho ánimo, caminamos juntos!


Un abrazo fraterno y, ya saben, siempre a su disposición. 
Fraternalmente

Hermano Pau Fornells


Presentación.


Con motivo de la visita a la Provincia Mediterránea del Hermano Seán Sammon, Superior General, la Junta Directiva de la Asociación de Antiguos Alumnos Maristas de Málaga (ADEMAR-Málaga) acordó hacerle entrega de este documento, que no es sino un esbozo de nuestros orígenes, la realidad de nuestra vitalidad actual y de cómo creemos poder superar los retos que se plantean para el futuro.

El contenido esencial del presente documento ha sido resumido en una presentación audiovisual titulada “Nosotros, los antiguos alumnos”.


Reflexiones previas.


1. Los alumnos dejan de ser alumnos cuando terminan su formación; los padres de los alumnos dejan de serlo cuando sus hijos se van del colegio; los profesores, los catequistas, los animadores, los entrenadores, el personal del colegio… todos terminan jubilándose, o cambiando de actividad, y dejan de ser lo que eran. Incluso los hermanos pueden dejar de ser hermanos. Nosotros, no. Todo aquel que se ha formado en un colegio marista, no importa durante cuánto tiempo, siempre será Antiguo Alumno Marista.


2. En distintos momentos de la historia, grupos de antiguos alumnos en diversas partes del mundo han decidido constituirse en una asociación. Son muchos y muy variados los motivos que han originado la fundación de asociaciones de antiguos alumnos.1 Hay quien ha querido ver en dichos motivos mero sentimentalismo y nostalgia del pasado, incluso intereses personales (puede haber sido posible en algún caso), pero también ha podido ser por no perder el contacto con los hermanos, los profesores y los antiguos compañeros, por espíritu de servicio o, simplemente, porque se sentían “maristas”.


3. Entre la variedad de motivos para pertenecer a una Asociación de Antiguos Alumnos, hay un denominador común que aglutina y cohesiona a todos los antiguos alumnos asociados: la gratitud. Los antiguos alumnos nos sentimos profundamente agradecidos a una institución, un colegio o unos hermanos y profesores que, fieles a sus ideales y en comunión con el carisma de Marcelino Champagnat, hicieron todo lo posible por educarnos bien.

4. Para encontrar la auténtica razón de ser de las asociaciones, basta con reconocer en ellas la respuesta de los antiguos alumnos a lo expresado en las Constituciones de los Hermanos Maristas: «Mantenemos relación con los Antiguos Alumnos por el afecto y la oración. Aceptamos gustosos su cooperación en la marcha de la escuela. Los animamos a comprometerse en el servicio a la Iglesia y al mundo y, si se presenta la ocasión, les ofrecemos nuestro apoyo.»

5. Las formas en las que, en las últimas décadas, se ha plasmado esta respuesta ha sido, también, muy variada y posiblemente no siempre ha sabido adaptarse a los “signos de los tiempos”.

6. Si queremos de verdad entender y asumir cuál es nuestro lugar, hoy, en el mundo, en el Instituto, en las Provincias y en las obras y colegio, hay que mirar a las personas. La riqueza más grande de las Asociaciones de Antiguos Alumnos está en la diversidad de las personas que las integran. Por un lado, la experiencia nos enseña que hay jóvenes que, finalizados sus estudios, no quieren romper con su colegio, bien porque trabajan en la pastoral como catequistas, porque son monitores deportivos, porque pertenecen a un grupo scout arraigado en el centro o, sencillamente, porque quieren profundamente a su colegio y a las personas que les han guiado en su proceso de maduración.

Hay también antiguos alumnos que, cuando al cabo de los años llevan a sus hijos pequeños al colegio, deciden asociarse para poder participar más activamente en la vida de su antiguo colegio. Otros antiguos alumnos, ya adultos y en pleno ejercicio profesional, vuelven a entrar en contacto por diversos motivos con su colegio, o con antiguos compañeros y deciden asociarse, generalmente con un destacado espíritu de servicio.

Por último, hay antiguos alumnos que prestan sus servicios como catequistas o voluntarios, o que ejercen de profesores en el colegio, o que mantienen alguna relación laboral con alguna obra marista, y que, independiente y complementariamente a ese servicio, se asocian para enriquecer su identidad “marista” y aportar una valiosa colaboración al Instituto por medio de la asociación.

7. Junto a la riqueza que emana de la diversidad de personas que integran las asociaciones y de la variedad de motivos para estar asociados, los antiguos alumnos tenemos que superar la dificultad que supone tener un mismo ideal, aunar esfuerzos, organizar actividades o planear proyectos con personas que pertenecen a cuatro generaciones (tenemos asociados de 18 a 95 años) y que tienen formas muy diferentes de interpretar y vivir su condición de antiguos alumnos.

8. Las Asociaciones de Antiguos Alumnos, por medio de las Federaciones Nacionales, llevamos años intentando dar los pasos necesarios para que la Congregación, los Hermanos y el resto de los integrantes de la Familia Marista vean que somos necesarios, si bien en algunos casos hace falta una profunda renovación, y que somos “depositarias laicas de los valores maristas y del carisma de nuestro Fundador”.

9. Somos muchos los antiguos alumnos asociados que, por nuestra condición de laicos maristas, compartimos plenamente el contenido de la última Carta conjunta de las Superioras y Superiores de las cuatro ramas Maristas y creemos estar en disposición de ofrecer una respuesta válida a algunas de las llamadas que en ella se nos hace.

10. Para finalizar, entendemos que las Asociaciones de Antiguos Alumnos podemos ser, sin perjuicio de nuestra propia identidad jurídica, herramientas efectivas en manos de la Congregación para el ejercicio de la
corresponsabilidad en la misión y para la animación y acción en las obras.

1.- Una palabra sobre nuestros orígenes.


Algunos dicen que aquellos eran… “otros tiempos”. Los Hermanos Maristas que conocimos los antiguos alumnos que rondamos los 50, eran hombres normales, generalmente de origen rural, hijos de familias numerosas con escasos recursos. Sin embargo, estaban dotados de un carisma singular y atractivo.

La mayoría de ellos había recibido la formación básica necesaria para dedicarse a la enseñanza. Los más jóvenes estaban cursando el Bachiller Eclesiástico, algunos tenían el título de Magisterio y muy pocos eran Licenciados. A nosotros, todos nos parecían “sabios”. Con unos recursos muy limitados, unos libros de texto “enciclopédicos” y una pedagogía diferente a la que se empleaba en otros centros educativos, iban, a golpe de “chasca”, forjando nuestro intelecto.

Sus vidas eran humildes y no disponían de muchas comodidades. Su atuendo: sotana y cruz al pecho. Siempre puntuales a la hora de la clase. Sobrios pero cariñosos; estrictos pero comprensivos. Su presencia entre nosotros en los patios, y a la entrada y la salida de clase, era constante. Eran hombres de fe. Se notaba. Vivían en comunidad y trabajaban con un mismo estilo. Más adelante supimos que era ahí, en la vida comunitaria, en la oración y en el apostolado, de donde sacaban toda su fuerza. En sus vidas se notaba la experiencia del amor y la fidelidad de Dios y la confianza en la protección maternal de María.

Algunos de ellos, años atrás, habían sido perseguidos por su fe y tenían hermanos o amigos que habían sido martirizados; pero, pese al estigma del dolor, nos enseñaron que aquellas “flores de martirio” eran germen de nuevas vocaciones, que la fe, cuando es inquebrantable, mueve montañas. Esos hombres nos enseñaron a sacar lo mejor de nosotros mismos, a trabajar con espíritu de superación, a disfrutar del deporte, a hacer amigos…

Y también nos enseñaron a rezar, a amar a Jesús y a María, nos ayudaron a preparar nuestra Primera Comunión, nos hablaban del entonces Beato Marcelino y nos inculcaron que María, a la que hoy llamamos Buena Madre, era nuestro “recurso ordinario”. Nos enseñaron a ser caritativos con los más necesitados, a colaborar con el DOMUND o la Infancia Misionera; nos invitaban a acompañarles en las catequesis que, por las tardes, una vez a la semana, impartían en zonas marginales de la ciudad. En Navidad, preparaban con entusiasmo la Campaña de Caridad para “despertar nuestra generosidad, dentro y fuera del ámbito colegial”.

Con el paso de los años, algunos profesores seglares se iban incorporando a la plantilla del centro. Al principio nos parecía raro, pero pronto comprendimos que Hermanos y profesores compartían una misma misión. Dotados de un ánimo excepcional y con una vocación que nos parecía “heroica”, esos educadores, hermanos y seglares, hicieron de nosotros hombres — y algunos años más tarde, mujeres — al estilo Marista: Buenos cristianos y honrados ciudadanos.

Cuando miramos a nuestros orígenes no albergamos duda alguna: los antiguos alumnos somos fruto de la constancia, la generosidad y el trabajo bien hecho. Somos fruto del ejemplo de nuestros educadores, de su entrega y su presencia. Somos fruto de la labor evangelizadora de unos Hermanos que nos enseñaron que Jesús y María nos quieren y nos enseñaron a quererlos. Y también somos fruto de unos maravillosos años llenos de experiencias compartidas, de juegos, de anécdotas inolvidables y de amistades que aún continúan.

Una constante durante aquellos años era la presencia de los antiguos alumnos en la vida del colegio. Unas veces era porque en tu clase había compañeros cuyos padres o hermanos eran antiguos alumnos; otras, porque, de vez en cuando, aparecía por el colegio algún antiguo alumno al que los Hermanos y profesores saludaban con especial cariño. También la revista colegial nos recordaba con cada número que existía una Asociación de Antiguos Alumnos. Nosotros leíamos, con cierta envidia, las maravillosas actividades que organizaban y las fotos de los encuentros de las promociones, y soñábamos con llegar pronto a Bachillerato para que algún antiguo alumno nos diera una conferencia que nos ayudara a planificar bien nuestro futuro.

En mayo de 1951, con el impulso y apoyo económico de la Asociación de Antiguos Alumnos Maristas de Málaga, nuestro colegio comenzó a editar la Revista VICTORIA. En la portada, bajo la cabecera, podía leerse: “Editada por y para los miembros de la gran Familia Marista de Málaga”. Se editaban 4 ejemplares por curso y en ella se incluían artículos y colaboraciones de todos los integrantes de los distintos estamentos colegiales de la época. Los Antiguos Alumnos tenían una sección fija en la que, principalmente, informaban de las actividades de la Asociación y daban consejo a los alumnos sobre su futuro. La revista dejó de publicarse en mayo de 1962. Años más tarde, en diciembre de 1990, un grupo de profesores, entre los cuales había antiguos alumnos que habían conocido la revista cuando eran pequeños, volvieron a reeditar VICTORIA, con la colaboración, una vez más, de ADEMAR. Hoy, la Revista VICTORIA edita tres números por curso y continúa desempeñando la misma función que tenía hace más de medio siglo.

También había, en casi todas las clases, algún compañero cuya familia recibía una beca de la Asociación gracias a la cual sus hijos podían estudiar en el colegio. Si la presencia de los Hermanos y profesores entre nosotros era un rasgo distintivo de nuestro colegio, no lo era menos la de los antiguos alumnos. Los alumnos sabíamos perfectamente que los Hermanos tenían una vocación a la vida consagrada y que la mayoría de los profesores seglares trabajaban en el colegio por su vocación de educadores, pero… ¿y los antiguos alumnos?; ¿qué les movía a estar ahí?, ¿por qué dotaban becas?, ¿por qué daban charlas?, ¿por qué —como hemos sabido años después— ayudaban económicamente a la Comunidad y al colegio?, ¿por qué ofrecían altruistamente sus servicios? Sólo hay una respuesta: la gratitud.

Cuando los antiguos alumnos maristas fundaron ADEMAR, lo hicieron movidos sólo por su gratitud. Querían, de alguna manera, devolver gratis, lo que gratis habían recibido. Tras contemplar nuestros orígenes y valorar la riqueza de las personas y las experiencias que nos han forjado, cuando desde nuestra condición de antiguos alumnos observamos la vida de nuestra asociación, las actividades que organizamos, los motivos que tenemos para formar parte de ella y la fe que nos alienta, nos preguntamos: ¿eran de verdad… “otros tiempos”?...

 

2. Dones del Espíritu en el presente.


Hoy, al observar la vida de nuestra Asociación, percibimos con toda nitidez cómo los frutos de esa gratitud inicial siguen multiplicándose en nosotros. No podemos más que exclamar con el salmista: " el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres".

Para reconocer los dones del Espíritu en el presente sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor. Los mejores dones que hemos recibido son las personas. Hoy, en nuestro entorno cercano hay antiguos alumnos sacerdotes, tanto seculares como de diversas órdenes. Hay antiguos alumnos que son Hermanos maristas dedicados a la docencia en los colegios, y otros que están en tierras lejanas cumpliendo con su misión ad gentes. Además, casi la totalidad de los catequistas del colegio y cerca de la mitad de los profesores seglares son antiguos alumnos. En la Asociación de Padres hay antiguos alumnos. En el Grupo Scout —que lleva el nombre de “Abel Relloso”, el Hermano que lo fundó hace casi 40 años— hay antiguos alumnos. En el Club Marista, motor de la vida deportiva colegial, hay antiguos alumnos.

Fuera del entorno colegial, encontramos antiguos alumnos que han sido Alcaldes —como es el caso actual—, Presidentes de la Diputación, Rectores de la Universidad, Presidentes y directivos de prestigiosas academias, profesores universitarios, Decanos de Colegio Oficiales, investigadores, científicos, artistas, escritores, hombres de negocio, profesionales cualificados… Todos ellos han sido, y aún son, elementos importantes para la transformación de nuestra sociedad en el ámbito local. Y además son muchos lo reconocen con orgullo ser “maristas”. Ciertamente, entre los más de 12.000 antiguos alumnos maristas que han salido de nuestro colegio hay de todo. El número de asociados no ha seguido una constante en los más de 60 años de vida de nuestra asociación. Ha habido décadas (1970) con menos de 100 asociados y otras (1990) con más de 800. En la actualidad (2008) rondamos los 300.

Afortunadamente, la auténtica riqueza de una asociación no se mide por el número de socios, sino por la vitalidad y el dinamismo de su acción. Las estructuras que hemos heredado y las que hemos edificado, la vida que compartimos y la espiritualidad que nos anima son, junto al buen hacer y el espíritu de servicio, la clave de nuestra vitalidad.

3. Nuestro futuro ante los retos actuales.


Las directrices emanadas del XX Capítulo General y, en especial, las Indicaciones sobre el Laicado Marista han hecho que comencemos a replantearnos si el modelo de asociación marista que vivimos responde a las exigencias y necesidades de la Congregación.

Así mismo, hemos comenzado a asumir como propios algunos de los retos que el Instituto está afrontando, al tiempo que hemos descubierto otros que son más específicos de los antiguos alumnos.


NUESTROS RETOS


• Las asociaciones de antiguos alumnos debemos adecuar nuestra realidad a las nuevas estructuras mundiales y provinciales. Para ello debemos conocer los documentos capitulares, reflexionar sobre ellos y obrar en consecuencia. Un ejemplo de ello es la necesidad de crear redes y nuevas estructuras de comunicación entre las asociaciones, a nivel provincial y mundial.


• Muchos antiguos alumnos no ven con buenos ojos ni entienden lo que se ha llamado en los últimos años “las nuevas presencias”. Hay quienes piensan que los hermanos deberían dedicarse exclusivamente a la educación en los colegios y algunos incluso rechazan las comunidades de inserción. Tenemos el gran reto de asumir que las “nuevas presencias” son —como lo es por ejemplo la misión ad gentes— dones del Espíritu y fruto de la llamada del Concilio Vaticano II a la renovación de los institutos religiosos, según su carisma fundacional.


• Los últimos documentos maristas (indicaciones del Capítulo General, circulares del Superior General, cartas de los Provinciales…) insisten en la necesidad de “ensanchar el espacio de la tienda”. Algunos podrían pensar que la llamada es para los Hermanos pero, en realidad, es para todos los que nos sentimos y somos maristas. Aceptar la llamada a la corresponsabilidad, ver en ella una fuente de vida y una riqueza para el Instituto, más que una necesidad coyuntural, es otro de nuestros grandes retos.


• Necesitamos también reconocer nuestra necesidad de profundizar en la Espiritualidad Apostólica Marista, sólo así las asociaciones de antiguos alumnos podremos ser germen de familias y comunidades cristianas en las que, al estilo de Marcelino, nos ayudemos a crecer, cuidemos de nuestros mayores y atendamos con especial cariño a los más débiles.


• Por último, los antiguos alumnos debemos ser testigos del Evangelio y “testimoniar con nuestras vidas personales la posibilidad de encontrar en Jesucristo el significado último de la vida y de vivir según el Evangelio”. Somos conscientes de que vivimos en un mundo “que tiene una gran necesidad de testigos creíbles y de mensajeros coherentes” y de que tenemos una Buena Noticia que proclamar, un modelo de vida a seguir —el de San Marcelino— y, sobre todo, a María, nuestro “recurso ordinario”.

LO QUE OFRECEMOS


Tomando como referencia la experiencia de nuestra asociación, creemos que las asociaciones de antiguos alumnos estamos en disposición de aportar al Instituto:


• Infraestructuras para la formación y la comunicación.

Las asociaciones están en contacto con miles de antiguos alumnos, destinatarios potenciales del mensaje evangélico y de la espiritualidad marista. La utilización de las nuevas tecnologías facilita esta tarea.


• Personas dispuestas a trabajar.

En el seno de todas las asociaciones, en especial en sus directivas, hay muchas personas dispuestas a trabajar con ilusión y espíritu de servicio. Esas personas son, como ya hemos expuesto, la gran riqueza de los antiguos alumnos y fruto de la labor de los hermanos. El Padre Champagnat repetía “¡Necesitamos Hermanos!”, hoy nos está diciendo: ¡Necesitamos “maristas”! Hermanos y seglares, mujeres y hombres, mayores y jóvenes. Necesitamos educadores, catequistas, profesionales, voluntarios… ¡Cómo ignorar a los antiguos alumnos!...


• Difusión del Instituto, de sus obras y de la Espiritualidad Marista.

Los antiguos alumnos difundimos, allí donde estamos presentes, nuestra condición de “maristas”. La difusión puede ser gracias al simple gesto de reconocer a quien lleva la insignia de las tres violetas e, inmediatamente, sentirse unido a esa persona por unos lazos de afecto y gratitud. Puede ser también como resultado de actuaciones más complejas, como lograr que el ayuntamiento de una ciudad dedique una vía pública al fundador, coloque una inscripción o erija un monumento; o incluso que ceda unos locales para trabajar con los más desfavorecidos.


• Acción en la misión compartida.

Somos muchos los antiguos alumnos que llevamos años viviendo la “misión compartida”. No han faltado momentos difíciles, incomprensión y recelo, por una y otra parte, pero parece que ya vamos entendiendo y asumiendo la llamada del XX Capítulo General a la corresponsabilidad y a la realización conjunta de nuevos proyectos apostólicos.


• Posibilidad de ser germen de Fraternidades o de otro tipo de presencias seglares maristas.

Las asociaciones de antiguos alumnos no somos, necesariamente, miembros del Movimiento Champagnat de la Familia Marista, ni somos Fraternidades, que están perfectamente definidas y tienen su línea de acción, pero sí podemos ser germen de ellas, o de otro tipo de “presencia” o realidad marista seglar que desarrolle una labor apostólica. Es más, creemos que, si no lo somos ya, podemos llegar a ser, como tales asociaciones, una forma de presencia laica marista pues, además de sentirnos atraídos por la espiritualidad de Marcelino Champagnat, hacemos “memoria agradecida” y compartimos el carisma marista.

 

LO QUE DEMANDAMOS


Para finalizar, la Asociación de Antiguos Alumnos Maristas de Málaga, pide al Superior General que considere y, si lo estima oportuno, eleve a su Consejo las siguientes peticiones:


• Las asociaciones de antiguos alumnos necesitamos un marco oficial de referencia que defina nuestra realidad y presencia en el seno del Instituto. Dicho marco de referencia podría ser un documento que, a nivel mundial o al menos provincial, recogiera las finalidades, las líneas básicas de actuación, las estructuras, el estilo… de estas asociaciones.

• En los documentos maristas hay, en algunos más que en otros, referencias explícitas a los antiguos alumnos (exalumnos), pero no se menciona a las asociaciones. Entendemos que es preciso el reconocimiento explícito de las Asociaciones de Antiguos Alumnos como miembros de la Familia Marista.

• Muchos antiguos alumnos (estén asociados o no) reciben, por su condición de profesores seglares o catequistas, ofertas de formación y profundización en la espiritualidad marista, pero se trata, normalmente, de invitaciones personales o colectivas en función de la misión que desempeñan en una obra marista. Deseamos, como asociación, ser destinatarios de actividades o cursos de formación, de retiros, y recibir información puntual a nivel del Instituto, la Provincia, los colegios y las demás obras. Sólo así podremos ofrecer a todos los asociados la posibilidad de compartir nuestra espiritualidad y mantenerlos informados de la vitalidad del Instituto, la Provincia o su antiguo colegio.

• Los antiguos alumnos queremos compartir con los Hermanos y con otros seglares maristas nuestra espiritualidad, para ello necesitamos Hermanos que acompañen nuestra misión y acción.


Hemos llegado al final.

Ahora tenemos un futuro por delante.
Que el Señor nos guarde y nos bendiga; y que María y Marcelino nos acompañen hoy y siempre.

( Publicado el 18 de Septiembre de 2009 )

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