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Bicentenario de la Fundación de la Congregación de los Hermanos Maristas
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2 de Enero de 2017 - Bicentenario de la Fundación Marista

200 Años de la Fundación de la Sociedad de María

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La familia es una comunidad de personas y una institución

familia_felizEl mundo se ha modernizado en gran manera. Casi diríamos que no ha habido nada que no haya sufrido tremendos cambios en los últimos cien años. En este periodo ha habido más cambios

que en toda la existencia anterior de la humanidad.

No podía salvarse de ello la familia. Han nacido varios tipos de familia, ¿en cual está la nuestra?
Toda familia tiene dos aspectos que debemos tener en cuenta cuando reflexionemos sobre que familia es la nuestra.

La familia es una comunidad de personas y una institución.

 

Desde los principios de la humanidad la familia existe como respuesta a las necesidades y a la naturaleza del ser humano.

 

Fue creado por Dios varón y mujer. Ambos se atraen y este atractivo, al madurar, se convierte en amor y les lleva a dejar a sus padres para unirse en un nuevo hogar al que después llegan los hijos.

Esta comunidad de personas que comparten toda una vida tiene que atender a una serie de necesidades muy diversas, así como responder a lo que sociedad y Dios esperan de ella.

La comunidad familiar satisface la necesidad de amor y complementación de hombre y mujer.
Después, cuando ambos se convierten en padres, tienen la misión de atender el desarrollo total de la persona de cada hijo, lo que quiere decir, darles amor, aceptación, respeto, orientaciones, valores y normas, además de satisfacer sus necesidades de alimento, abrigo e instrucción.

Ya no se trata sólo de que el matrimonio se quiere, se ayuda y sea feliz: ahora encabeza una familia y necesita que la sociedad la proteja y le ayude a alcanzar sus fines.
Por eso, aunque al principio y fundamento de toda familia es la relación de amor, necesita también ser reconocida como institución.

¿En que consiste este aspecto institucional de la familia?

Se dice que la familia es la célula básica de la sociedad; esto es, que el conjunto de nuestra comunidad, del país y del mundo está formado por familias donde el ser humano nace, aprende a ser persona, a amar, a relacionarse con los demás e integrarse como individuo útil a la comunidad y a ejercer responsablemente su libertad.

Por esto el matrimonio es reconocido por la sociedad civil como un bien y les da derechos y responsabilidades entre sí y para con los hijos.
Por eso el matrimonio entre cristianos es un sacramento, una presencia viva del Cristo Nupcial en el hogar que da a los esposos la gracia y la iluminación para cumplir su misión.
Para desarrollarse sanamente, la familia debe cuidar de ser una buena comunidad y una buena institución.

¿Qué sucede cuando una familia sólo presta atención a uno de estos aspectos?
¿Qué pasa cuando sólo pienso en ser comunidad o sólo institución?

Hay familias que no le dan importancia a lo institucional.
Para los que se van a vivir en pareja no encuentran razón para atarse mediante un casamiento civil o una alianza matrimonial ante Dios, pues para ellos el amor es suficiente y dicen no necesitar ceremonias, firmas o testigos.
Piensan que las reglas o normas van contra la libertad de las personas.
Estas familias en un gran porcentaje no tienen estabilidad y suelen romperse cuando el amor, lo único que aceptan, tropieza con dificultades.
Son como un tren que pretende caminar sin rieles.

Muchas de las familias desintegradas fracasaron por no prestar atención a este aspecto institucional.
Sin orden ni estructura no pudieron ni siquiera amarse eficazmente.

Cuando en la familia no se ha construido una relación de amor, no hay comunión y participación y se presta toda la atención al orden, a las reglas, a las normas y obligaciones de cada uno, la familia pierde su alma. Es un hogar sin alma.
Todos hacen lo que les corresponde pero nadie crece como persona porque el amor es lo único que forma seres humanos.
Esta familia tal vez no se rompa porque le presta mucha atención a cumplir con lo firmado, pero no podrá cumplir adecuadamente sus deberes hacía sus miembros ni tampoco hacía la sociedad.

Hay que combinar institución con comunidad de amor, única manera de que todos vivan formándose amorosamente, viven la felicidad que no tiene fin y además cumplen haciendo el bien a toda la sociedad.

Hacen el bien, viviendo el bien.
Hacen el bien, viviendo bien.
Se dice que la familia es el pilar del desarrollo.
Cuando el mundo empezó a hablar de desarrollo, se dio cuenta que la familia además de ser el principal sostén de lo espiritual y lo afectivo, era un pilar del desarrollo.

No hay ninguna organización ni pública ni privada que preste servicios sociales básicos con la eficiencia con que lo hace una familia bien articulada.

Lo que la familia hace por los niños en educación en la temprana edad, hábitos para la buena salud y la enseñanza de conductas morales es casi insustituible.

En EE.UU. donde de todo se hace estadística, también lo hicieron con las influencias que la familia tiene para sus hijos.
Aquella familia en la que hay un solo progenitor, mayormente madre sola, eran dos veces más propensos a ser expulsados o suspendidos en la escuela, a sufrir problemas de conducta y a tener dificultades con sus compañeros.
Los hijos fuera del matrimonio tienen una tasa de mortalidad infantil mayor.

La familia influye fuertemente en diversos campos.
Tiene un gran peso en el rendimiento escolar de los niños y el clima que ven vivir en su casa tiene una gran influencia en la conformación de la inteligencia emocional.
Es una eficiente red de protección social para los jóvenes y los ancianos.
Se ha comprobado que una de las causas de la violencia juvenil en actos criminales es la falta de una familia orgánica.
El mayor porcentaje de alojados en centros de detención juvenil proviene de hogares con padre ausente o desconocido.

Durante varios años nuestro grupo de reflexión dentro del Movimiento Familiar Cristiano hizo visitas regulares al Instituto Agote, donde son alojados jóvenes con alto índice de actos criminales. Por poco que uno conversara con ellos se daba cuenta que detrás de su vida no había familia y a lo sumo había una madre sola.
A veces era doloroso ser testigo de algunas expresiones que dolían.

------Cuando salgo de aquí, a mi no me espera nadie.
------No tengo a donde ir. No tengo más remedio que volver a la calle, al único ambiente que conozco.
------Nunca supe quien era mi padre. Nunca lo tuve.
------Mi madre se ocupa de ella. Yo me debo arreglar solo.

Y sólo debe defenderse. Soledad es cuando estamos rodeados de gente pero nuestro corazón no siente a nadie cerca.
Habían llegado a ser lo que eran por carencia de familia.
No había habido en ellos el sostén, el afecto y el calor de un hogar.

En definitiva, la familia es decisiva para la formación de la conducta humana en actitudes fundamentales para la convivencia.
Ella es columna básica de la calidad de vida de la sociedad toda y factor esencial del progreso de un país.
Consiguientemente, varios de los países más avanzados del mundo han montado enérgicas políticas de protección a la familia.
Licencias prolongadas y remuneradas por maternidad tanto para la madre como para el padre, subsidios por hijos, deducciones fiscales y servicios de apoyo a la familia.

La impotencia de la familia para cumplir sus funciones es una de las causas de una situación extrema: el aumento de los niños que viven en las calles, en la miseria más absoluta, cuadro desolador que hizo exclamar a Juan Pablo II:
....son niños abandonados, explotados, enfermos.

El balance es muy inquietante.
El quiebre de una familia afecta a todos, no solo a los que lo viven.
Los niños de familias desarticuladas tendrán menores chances en el colegio, en el mercado del trabajo y menores posibilidades mañana de formar familias estables.
No tienen la fuerza del ejemplo. Su vida toda está dañada. Crecieron con el dolor a cuestas, llevarán la marca toda su vida.

Pedir matrimonio homosexual es pedir anarquía ordenada, caos conservador, delito virtuoso, desgobierno gobernado y subversión subordinada a la autoridad instituida. No piden matrimonio los homosexuales porque crean en él. Lo piden porque lo odian y porque saben que, asumiéndolo ellos, es el modo más vil de destruirlo.

Una vez más de la mano de Aristóteles. El que pregunta si la nieve es blanca no merece respuesta. Merece un castigo porque ha perdido el sentido de lo obvio. Merece la reacción punitiva porque ha degradado a sabiendas el sentido común.
Ese sentido común que nos dice: matrimonio quiere decir unión de un hombre y una mujer para siempre. Aplicarlo a otro significado es robarle lo que dice y significa.


Estos son tiempos difíciles para la familia, para el matrimonio y especialmente para el matrimonio y la familia cristiana.
Frente al desconcierto y el pesimismo que amenaza envolver un poco a todos, lo que hace y dice el matrimonio y la familia cristiana, viene a ser como una luz en el camino.
Su hacer y su vivir tiene que ser un signo de esperanza en el futuro de toda familia y por lo tanto de la sociedad toda.

El oscuro mal de las familias de hoy es la soledad, la incomunicación, el encerrarse, el replegarse en si mismas.
Todo ello está en la misma raíz de la naturaleza del hombre.
Pero cuando se hace el esfuerzo de salir, de abrirse, de romper la propia cáscara para ver al otro, se establecen relaciones que hacen bien y generan el bien. No solamente en uno, sino en todo lo que está a su alrededor.

Caen las barreras: antes que nada en la familia, y después también con las personas con las cuales estamos en contacto.
Se crea una cadena de amistad y de comunión a través de la cual el tejido social se recompone, y empiezan a solucionarse los problemas inherentes a la familia y sus crisis, como son, por ejemplo, la emancipación de la mujer, el divorcio, el aborto, los huérfanos, los chicos abandonados, los ancianos, las viudas, los marginados, los......
¡Miren si hay mosaico de cosas en este mundo que supimos construir o destruir, o recuperar!

El núcleo familiar ha sido, es y debe volver a convertirse en el núcleo central y dinámico de la vida.
Toda vida. La íntima y la abierta a la sociedad.
¿Seremos capaces de ayudar para que haya familias dignas y sanas?
De ello depende el desarrollo de nuestro país.

Ya lo sabes, hay que poner voluntad para hacerlo.

Autor : Salvador Casadevall

Fuente :http://es.catholic.net/familiayvida/154/294/articulo.php?id=51825

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