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2 de Enero de 2017 - Bicentenario de la Fundación Marista

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En recuerdo de Rachel Corrie

343El 16 de marzo de cada año se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Rachel Corrie (International Solidarity Movement). Posiblemente la mayoría de nosotros no la conocimos.

Les damos a conocer su historia, independientemente de ideologías políticas ni en el lugar en que sucedió su final. Su muerte fue ilógica, cruel y símbolo inequívoco de las injusticias de este mundo.

Por la PAZ en recuerdo de RACHEL CORRIE

( Presentación que circuló por Internet a los pocos días del asesinato de Rachel Corrie, ocurrido el 16 de Marzo de 2003. Las fotografías de la misma las hemos distribuido a lo largo de estos tres escritos )

Hace pocos días en Gaza, ha perdido la vida una joven pacifista, Rachel Corrie, de sólo 23 años. Era una estudiante de la Universidad de Olympia (Washington), y pertenecía al movimiento por la justicia y la paz.

Con su asociación pacifista había organizado iniciativas en ocasión del aniversario del 11 de septiembre, en memoria de las víctimas del desastre y de la guerra en Afghanistán.

Este año Rachel había decidido pasar de la teoría a la acción, marchándose a Israel, donde se había unido al grupo palestino Movimiento Internacional de la Solidaridad.

Con esta Asociación participaba en acciones, para bloquear las excavadoras israelíes, que intentaban abatir las casas de los kamikazes y de sus familiares, en los territorios palestinos.

A los amigos, en diferentes correos electrónicos, habia escrito: "Abaten la casas aunque haya gente dentro, no tienen respeto por nada y por nadie".

244El 16 de marzo, en un acción en Rafah, en la frontera de Gaza, Rachel se encontraba con sus amigos para intentar oponerse a las demoliciones.

"Estaba sentada en la trayectoria del Bulldozer, el conductor la vió, continuó y le pasó por encima", ha declarado Joseph Smith, militante pacifista de EEUU.

"La excavadora le echó tierra encima y después la aplastó", ha añadido Nicholas Dure, otro compañero.

Los compañeros intentaron de todas las maneras parar la excavadora, y después prestaron ayuda, pero nada se pudo hacer.

Rachel Corrie de sólo 23 años ha perdido la vida, mientras defendía, con el propio cuerpo y sus ideas, el derecho de los ciudadanos palestinos de tener un techo y una tierra.

Las autoridades israelíes han dado diferentes versiones del suceso, todas ellas desmintiendo la documentación fotográfica y de los testigos. La joven ha sido muerta a sangre fría de forma bárbara, mientras se interponía de forma pacífica.

Rachel y sus compañeros, han denunciado: que cada día decenas y decenas de casas vienen siendo destruídas en la frontera de Gaza, que los bombardeos han dañado los pozos de agua dulce en los campos de refugiados de Rafah y que los mismos no podían ser reparados por los trabajadores palestinos sin exponerse a las balas israelianas.

Muchas han sido las iniciativas en Olympia (Washington) y en los Estados Unidos para recordar a Rachel.

Esta presentación quiere ser un testigo para no olvidar a Rachel, una joven pacifista que con su coraje quería parar las injusticias que cada día se dan en Palestina.

En estos días y en estos meses se está moviendo contra la guerra el movimiento pacifista más grande que la historia haya jamás conocido; Rachel Corrie es seguramente el símbolo de este movimiento y ha sido muerta en la lógica absurda y brutal de la guerra que todos nosotros los pacifistas intentamos parar.

345Os pido que hagáis pasar esta presentación para hacer conocer el caso de esta joven chica, parte de su historia y parte de su empeño.

Para acordarnos: que todavía está en curso un conflicto entre israelíes y palestinos, con muchas víctimas civiles inocentes en ambos países y que se debe seguir presionando para que se encuentre una solución pacifista y duradera.

Stefano Costa (Verdi Milano) -

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Traducido por Giuseppe Iula y Sergi Alvarez (Barcelona)

 

Rachel Corrie, luchadora valiente

Rachel Corrie, de 23 años, dejó su casa en Estados Unidos y viajó a Palestina con los voluntarios del Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM). Con sus compañeros "internacionalistas" participó en actos de resistencia pacífica contra la ocupación israelí y se solidarizó con la lucha del pueblo palestino. El 16 de marzo lo pagó con la vida: las fuerzas de ocupación israelíes la mataron a sangre fría.

Rachel se estaba quedando en la ciudad de Rafah en el sur de Gaza, donde los jóvenes lanzapiedras llevan meses luchando contra las fuerzas de ocupación. El 7 de febrero, escribió un email a su familia: "Rafah es una ciudad de unos 140,000 habitantes, y aproximadamente el 60% son refugiados".

Se fundó antes de 1948, pero la mayoría de la población son palestinos expulsados de sus tierras en la antigua Palestina (que ahora es Israel) y sus descendientes. Cuando Israel le devolvió el Sinaí a Egipto, dividió la ciudad.

El ejército israelí ahora está construyendo un muro de 14 metros entre Rafah y Egipto. Los bulldozers han demolido más de 600 casas y muchas más han sufrido daños considerables. Además, han destruido los pozos que abastecen de agua la ciudad.

347El 16 de marzo, Rachel Corrie y varios compañeros se sentaron frente a una casa que el ejército iba a demoler. Joseph Smith, un compañero del ISM, fue testigo del asesinato de Rachel: "Vistiendo su chaleco de color naranja fluorescente, Rachel se sentó a unos 15 metros del bulldozer, hizo señas y gritó, tal y como hicimos en docenas de ocasiones ese día para parar los bulldozers. Pero el conductor avanzó directo hacia ella.

Cuando empezó a mover la tierra en que estaba. Rachel se subió a un montón de tierra y escombros; estaba plenamente visible a la altura de la cabina; sin embargo, el conductor no paró. La máquina le jaló las piernas y se cayó. Si el conductor hubiera parado en ese momento, a lo mejor solo le habría fracturado las piernas, pero siguió y ella cayó debajo de la pala.

Corrimos hacía el bulldozer, haciendo señas y gritando; un compañero gritó por megáfono, pero el bulldozer siguió y la atropelló. Paró encima de ella. No cabía duda de que se encontraba debajo del bulldozer, pues ¿dónde más?; ya no se le veía ni al frente ni a los lados. Sin embargo, el conductor dio marcha atrás sin levantar la pala y pasó de nuevo sobre ella".

Ese día, los israelíes invadieron el campamento de refugiados de Nusseirat y mataron a seis palestinos, entre ellos una niña de dos años, y en otras partes de Gaza dieron muerte a dos palestinos más.

Un militar israelí culpó a Rachel Corrie de su propia muerte; dijo que "actuó irresponsablemente al colocarse frente al bulldozer". La embajada estadounidense no hizo comentarios. Después se celebró una reunión en su honor y un tanque israelí roció gas lacrimógeno a los dolientes. Llegó un bulldozer acompañado de vehículos blindados, que dispararon y lanzaron bombas de percusión.

348Durante su estancia en Gaza, Rachel se quedó con familias en casas que iban a demoler, y sus compañeros cuentan que se llevaba muy bien con los palestinos. En el día de acción internacional en marzo, organizó una manifestación de solidaridad con el pueblo iraquí a la cual acudieron centenares de palestinos. Hizo una manta que decía: "¡No a la guerra contra Irak! ¡No a la guerra contra Rafah!".

Podemos aprender mucho de la valentía y compromiso de Rachel Corrie; vivió y murió apoyando a los pueblos del mundo y aprendiendo de ellos.

Escribió a su familia: "Dos semanas antes de mi llegada, un tanque israelí mató a balazos a un niño de 8 años y muchos niños me repiten su nombre en susurros (Alí) y me enseñan afiches con su foto pegados en las paredes... Aquí niños de 8 años conocen mejor la dinámica de la estructura de poder global que yo hace unos cuantos años, al menos con respecto a Israel, pues luchan contra la cuarta potencia militar del mundo que, con el respaldo de la única superpotencia, les aprieta el yugo y busca borrarlos de su tierra natal... Apenas empiezo a conocer las capacidades del pueblo para organizar resistencia a pesar de tenerlo todo en contra y a pesar de los grandes peligros. Veo que aquí aprenderé muchas lecciones muy duras en muy poco tiempo".

Fuente : http://revcom.us/a/v24/1191-1200/1195/corrie_s.htm

 

"Me llamo Rachel Corrie"

Por Mario Vargas Llosa
Para LA NACION - Publicado el 11 de Noviembre de 2006

Nueva York.

349Si pasa usted por Nueva York, olvídese de los suntuosos musicales de Broadway y trate de conseguir una entrada en un pequeño teatro cálido y desvencijado, el Minetta Lane Theatre, en la calle del mismo nombre, en la frontera entre Greenwich Village y Soho. Si la consigue y ve la obra que allí se presenta, " My Name is Rachel Corrie" , descubrirá lo estremecedor que puede ser un espectáculo teatral cuando hunde sus raíces en una problemática de actualidad y, sin prejuicios y con talento y verdad, representa en un escenario una historia que, por 90 minutos, nos instala en el horror contemporáneo por medio de una muchacha que, en su corta existencia, jamás pudo soñar que daría tanto que hablar, despertaría tantas polémicas y sería objeto de tanta reverencia y amor, así como de tantas calumnias.

La obra se estrenó el año último, en el Royal Court Theatre, en Londres y debió vencer grandes obstáculos para llegar a Manhattan. Las presiones de organizaciones extremistas pro israelíes consiguieron que su primer productor, el New York Theater Workshop, desistiera de montarla, lo que provocó manifiestos y protestas en los que participaron artistas e intelectuales de renombre, entre ellos Tony Kushner. Al fin, el espíritu liberal y tolerante de esta ciudad se impuso y ahora la obra, que ha merecido excelentes reseñas, funciona a sala llena.

El texto es un monólogo de la protagonista, encarnada en una joven actriz de mucho talento, Megan Dodds, elaborado por Alan Rickman y Katharine Viner a partir de los diarios, cartas a sus padres y amigos y otros escritos personales de Rachel Corrie. Nadie diría que una obra tan bien estructurada y que fluye de manera tan natural, sin el menor tropiezo, en la electrizante hora y media que dura, no fue concebida como un texto orgánico, por un dramaturgo profesional, sino hecha sólo de citas y remiendos.

Rachel nació en Olympia, un pueblo del estado de Washington y, por lo visto, desde niña se acostumbró a dialogar consigo misma, por medio de la escritura, en unos textos que muestran, de manera muy fresca y a ratos risueña, la provinciana vida de una muchacha que llega a la adolescencia, como tantas otras de su generación en los Estados Unidos, llena de desasosiego y confusión, presa de una rebeldía sin norte, un estado de ánimo profundamente insatisfecho y contra su vida privilegiada y el horizonte estrecho, pueblerino, en que discurre. Alienta la vaga intención de ser más tarde poeta, cuando crezca y se sienta capaz de emular a esos autores cuyos versos lee sin tregua y memoriza.

350No hay en ella nada excepcional, más bien las experiencias previsibles en una jovencita de clase media, normal y corriente, desconcertada ante el mundo que va descubriendo, sus entusiasmos con las canciones y los cantantes de moda, los efímeros coqueteos con los compañeros de estudios y, eso sí, constante, una insatisfacción informulada, la búsqueda de algo que, como la religión para los creyentes –ella lo es sólo a medias y en todo caso la práctica religiosa no colma ese vacío que a veces la atormenta– de pronto dé a su vida una orientación, un sentido, algo que la impregne de entusiasmo.

Esta parte de la historia de Rachel Corrie no es menos intensa ni interesante que la segunda, aunque sea menos dramática. Lo singular, dada la evolución de su historia personal, es que entre todas las inquietudes de que dan testimonios sus escritos privados, la que no figura ni por asomo es la política, algo que refleja muy bien una condición generacional. Hace treinta años, los jóvenes norteamericanos canalizaban su rebeldía y su inquietud en comportamientos, atuendos, aficiones, gestos, todo aquello nimbado en algunos casos de un discreto anarquismo individualista o, en el otro extremo, de una militancia religiosa, pero la política solía merecerles la indiferencia más total, cuando no el más abierto desprecio.

En la obra, tal vez porque este momento crítico de su existencia no quedó documentado en sus escritos, hay un gran paréntesis, aquel período que lleva a la jovencita provinciana que aspira a ser algún día poeta, a dar un paso tan audaz como ofrecerse, a comienzos del año 2003, como voluntaria para ir a luchar pacíficamente a la Franja de Gaza contra la demolición, por el ejército de Israel, de las casas de vecinos emparentados o relacionados con los palestinos acusados de terrorismo.

En el primer momento pensé que Rachel Corrie había ido a trabajar con mi amigo Meir Margalit, uno de lo israelíes que más admiro, en su Comité de Israel Contra la Demolición de Casas, sobre quien he hablado ya en esta columna. Pero, no, Rachel se inscribió en el Movimiento Internacional de Solidaridad, conformado sobre todo por jóvenes británicos, estadounidenses y canadienses que, en los territorios ocupados, yéndose a vivir en las viviendas amenazadas, tratan de impedir –sin mucho éxito, ni qué decirlo– una acción moral y jurídicamente inaceptable, pues parte del supuesto de una culpa colectiva de una población civil que debe ser castigada en su conjunto por los crímenes de individuos aislados.

351Las cartas que Rachel escribe a padres y amigos desde Rafah, en el sur de Gaza, revelan una progresiva toma de conciencia de una joven que descubre, compartiéndola, la miseria, el desamparo, el hambre y la sed de una humanidad sin esperanza, arrinconada en viviendas precarias, amenazada de balaceras, de redadas, de expulsión, donde la muerte inminente es la única certidumbre para niños y viejos. Rachel, aunque duerme en el suelo como las familias palestinas que la acogen y se alimenta con las mismas magras raciones, se avergüenza de los cuidados y cariño que recibe, de lo privilegiada que sigue siendo, pues en cualquier momento ella podrá marcharse y salir de esa asfixia y, en cambio, ellos...

Lo que más la aflige es la indiferencia, la inconsciencia de tantos millones de seres humanos, en el mundo entero, que no hacen nada, que ni quieren enterarse de la suerte ignominiosa de este pueblo en el que ella está ahora inmersa.Era una joven idealista y pura, vacunada contra la ideología y el odio que ella suele engendrar, por la limpieza de sus sentimientos y su generosidad, que se vierten en cada línea de las cartas que dirige a su madre, explicándole cómo, a pesar del sufrimiento que ve a su alrededor - los niños que mueren en las incursiones israelíes, los pozos de agua cegados que dejan en la sed a manzanas enteras, la prohibición de salir a trabajar que va hundiendo en la muerte lenta a miles de personas, el pánico nocturno con las sirenas de los tanques o los vuelos rasantes de los helicópteros - hay de pronto, a su alrededor, en la celebración de un nacimiento o una boda o un cumpleaños, un estallido de alegría, que es como un abrirse un cielo de tormenta para que se divise allá, lejísimos, un cielo azul esplendoroso, lleno de sol.

Para cualquier persona no cegada por el fanatismo, el testimonio de Rachel Corrie sobre una de las más grandes injusticias de la historia moderna - la condición de los hombres y mujeres en los campos de refugiados palestinos, donde la vida es una pura agonía - es, al mismo tiempo que sobrecogedor, un testimonio de humanidad y de compasión que llega al alma (o como se llame ese residuo de decencia que todos albergamos).

Para quienes hemos visto de cerca ese horror, la voz de Rachel Corrie es un cuchillo que nos abre una llaga y la remueve.

352El final de la historia ocurre fuera de la obra, con un episodio sobre el que Rachel no tuvo tiempo de testimoniar. El domingo 16 de marzo de 2003, con siete compañeros del Movimiento Internacional de Solidaridad - jóvenes británicos y estadounidenses - Rachel se plantó ante un bulldozer del ejército israelí que se disponía a derribar la casa de un médico palestino de Rafah. El bulldozer la arrolló, destrozándole el cráneo, las piernas y todos los huesos de la columna. Murió en el taxi que la llevaba al hospital de Rafah. Tenía 23 años.

En la última carta a su madre, Rachel Corrie le había escrito: "Esto tiene que terminar. Tenemos que abandonar todo lo otro y dedicar nuestras vidas a conseguir que esto se termine. No creo que haya nada más urgente. Yo quiero poder bailar, tener amigos y enamorados, y dibujar historietas para mis compañeros. Pero, antes, quiero que esto se termine. Lo que siento se llama incredulidad y horror. Decepción. Me deprime pensar que esta es la realidad básica de nuestro mundo y que, de hecho, todos participamos en lo que ocurre. No fue esto lo que yo quería cuando me trajeron a esta vida. No es esto lo que esperaba la gente de aquí cuando vinieron al mundo. Este no es el mundo en que tú y mi papi querían que yo viviera cuando decidieron tenerme".

Fuente : Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/857608