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2 de Enero de 2017 - Bicentenario de la Fundación Marista

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Mi Madre es la Reina del Cielo y de la tierra

Reina_cieloCuando veo a mi madre no puedo dejar de mirarla, porque a pesar que sé que no es una estatua ni una estampa, de sólo imaginarme su belleza, arde mi corazón de amor y gratitud de que sea Ella la que Dios

escogió desde la eternidad para ser la Reina, la llena de Gracia, el camino perfecto para llegar a su Hijo Jesús.

Quiero empezar hablándote de María, Reina del Cielo y de la Tierra y de mi corazón, en quien confío y tengo la alegría de decir que está conmigo, contigo , con todos, tan bella nuestra Madre que nos moldea con amor y mucha paciencia, nos ayuda en la lucha diaria contra nuestras propias debilidades e inconstancias para llegar a ser santos. Ella nos toma de la mano y nos abraza dulcemente, pero lo mejor de todo es que nos enseña a amar a Jesús, nuestro fin último.

 

Una vez escuché una frase a un misionero de Lazos de Amor de Mariano, tan jovencito de 19 años, pero con un amor por María que su corazón se desahogaba en su predicación, y, a pesar que no sé si esa frase fue su inspiración o le pertenece a alguien más, el hecho es que esas líneas forma parte de mis oraciones de cada día: “Jesús, haz que mi vida con María esté cercada de espinas para que cuando yo me aleje, me duela”.

 

Es que si dejamos de vivir con María un solo día y si dejamos de pedirle que nos lleve a Jesús, es como estar frente a la Cruz y no actuar como el discípulo amado que acogió a María en su casa (Jn,19,27).

Cada día es un día nuevo para juntar nuestras manos junto a las tiernas manos de María, y pedirle que nos guíe en la oración y que nos enseñe a dar la respuesta que cada Cristiano le debemos a Dios una y otra vez abandonándonos en su Voluntad buena, agradable y perfecta (Rom. 12,1-2).

Además al igual que en Caná, María le pide a Jesús por nosotros, así como se dio cuenta de la falta de vino, igual ella sabe qué nos falta para alcanzar a su Hijo y siempre está dispuesta al servicio y atenta a cada detalle, sabrá muy bien qué pedirle a Jesús para nosotros.

Ya decía el Obispo Emérito de Roma, Benedicto XVI, María “es Reina precisamente amándonos y ayudándonos en todas nuestras necesidades, es nuestra hermana y sierva humilde”.

No le demos la espalda a María, dejemos que actúe en nosotros, Ella hará lo que Dios quiere para nosotros, si Ella es la esclava del Señor, seamos nosotros esclavos de la esclava, luchemos para que así sea.

Consagrémonos a nuestro Rey por medio de nuestra Reina, renovemos cada día nuestros compromisos bautismales, para renunciar al demonio, a sus seducciones y a sus obras y buscar vivir en, como, para y por María para estar en, como, para y por Jesús, como nos invita San Luis María Grignon de Monfort, en su libro el Tratado de la Verdadera Devoción, texto que fue lectura permanente del Beato Juan Pablo II.

Nuestra Madre es una Reina, ánimo, Ella nos ayudará a ingresar al Reino de los Cielos, seamos buenos servidores,

Totus Tuus María.

Fuente : http://www.aciprensa.com/blog/mi-madre-es-la-reina-del-cielo-y-de-la-tierra/