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2 de Enero de 2017 - Bicentenario de la Fundación Marista

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Misioneros en Asia : Joven matrimonio con vocación misionera marista

matrimonioRodrigo Sánchez y Estela Ramos un joven matrimonio de México, acompañados de su hijo Josué participarán en la Misión Ad Gentes. Ellos nos comparten en esta nota sus motivos para vivir la experiencia

de misión en Camboya.

Ahora, meses después, tratamos de responder con calma y profundidad la pregunta que quizá alguno pensó y algún otro expresó. ¿Por qué se van de misiones? (y la subsecuente: ¿por qué tan lejos?). Creo que no dimos antes una respuesta completa sobre todo por falta de tiempo en las conversaciones. No puede ser una respuesta tan simple pues en ella implicamos nuestra visión del mundo y nuestro lugar en él.

Tampoco es que sea la quinta maravilla, pero queremos compartir nuestras motivaciones pues como hemos dicho antes, creemos firmemente en que compartir nuestra vida es la mejor forma de nutrirla. Con esa intención solamente escribimos lo que sigue, y lo escribimos lo más breve posible para no aburrir.

Todo comenzó un par de abriles, nuestras madres sufrían contracciones y estábamos por llegar al mundo. ¿Mmmm? Nos fuimos muy atrás.

Básicamente, hemos salido de misiones porque queremos responder a una invitación (llamado) que hemos recibido de Dios. La cosa es: ¿cómo la recibimos y cuál es la invitación? Ahí es donde la puerca torció el rabo.

Desde nuestra adolescencia observamos la realidad del sufrimiento en el mundo. Entonces interpretamos aquello como una falta de Dios, y pensamos que sucedía no porque Dios no quisiera estar ahí, sino porque no se lo permitíamos. Y desde entonces sentimos en nuestro corazón un deseo de llevar a Dios a donde no le conocían. Así surgió el interés por ir de misiones y el descubrimiento de que disfrutábamos mucho haciéndolo. Creemos que aquella interpretación sigue siendo válida; no ha cambiado en su esencia y sin embargo, ha madurado junto con nosotros.

Nunca escuchamos una voz del cielo hablándonos. Pero lo que hemos sentido en el corazón no ha sido menos claro que una voz. Hemos escuchado a Dios en los acontecimientos, en las personas, en el disfrute de nuestra actividad misionera, en la insatisfacción que sentíamos cuando no teníamos alguna actividad solidaria, en el silencio de nuestra oración y, por supuesto, en nuestra relación amorosa.

Así, con el pasar de los años, fuimos confirmando que lo que nos iba a hacer realmente felices era salir de nuestra casa y nuestro país a llevar la Buena Noticia.

¿Por qué llevar la Buena Noticia? Porque así es como entendemos que podemos colaborar para vivir en un mundo más humano.

¿Por qué fuera de nuestro país? Porque nos hace felices. Con claridad sabemos que hay necesidad y sufrimiento en nuestro país. Pero nosotros nos hemos sentido invitados a salir, así como hay otros que se sienten invitados a quedarse (y tristemente otros que no se sienten invitados a nada).

Por último, pero no menos importante, quisiéramos compartir cómo entendemos ese asunto de ser misioneros (Buena Nueva). Este entender lo teníamos desde antes de venir, y lo hemos confirmado con alegría viviendo y compartiendo con otros misioneros en Asia. Esta convicción, así mismo, determina nuestra actuación aquí y responde a la pregunta: ¿Para qué hemos venido?

Entendemos la misión (evangelizar, llevar la Buena Noticia) como continuación de la chamba que Jesús hizo. Concretamente: a) mostrar a todos que Dios es Padre-Madre y nos ama profundamente y b) mejorar la vida de todos, especialmente los más pobres.

Así, nosotros queremos compartir nuestra vida con la gente de Camboya (sin importar religión, edad, género etc.) y trabajar junto a ellos para mejorar las condiciones en que viven, especialmente en los ámbitos en que somos competentes (o menos incompetentes) o sea la salud y la educación. Creemos desde lo profundo de nuestro corazón que de esta manera estaremos haciendo vida el Evangelio. En la medida en que tratemos a todos como hermanos y hermanas, reconocemos y testificamos que Dios es Padre-Madre de todos.

Sabemos además, que en este compartir recibiremos mucho y nuestra vida también se nutrirá. Por eso no dudamos en involucrar a nuestro hijo en nuestros sueños, porque confiamos en que él crecerá igual que nosotros (o más, por su corazón abierto de niño).

No estamos aquí para convertir gente, ni para bautizar budistas o ampliar el número de cristianos en Asia, tampoco para perseguir musulmanes. Sí para dialogar, aprender y trabajar con todos ellos. Seguramente y si nuestro khmer (idioma de Camboya) nos lo permite trabajaremos en la parroquia, cantaremos en el coro, daremos alguna clase de Biblia. No podemos dejar de involucrarnos en la que será nuestra pequeña Iglesia, pues nos gusta y la amamos. Y si al mediodía alguien nos pregunta, diremos con alegría que somos católicos y que son bienvenidos a compartir la vida y la fe con nosotros. Y tal vez pongamos nuestro granito de arena para que la Iglesia que amamos se vaya pareciendo cada día más y más a lo que Jesús quiere de ella.

En definitiva, nos mueve la vida y nos dejamos mover por ella.

Rodrigo y Estela - enero de 2014

http://www.maristas.org.mx

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